lunes, diciembre 27, 2004

Los parásitos electrónicos

Spam no es una sigla. Spam era una marca de embutidos que se distribuía enlatado en EEUU, algo así como el viejo "chancho chino" chileno. Debido a su masiva difusión, los primeros correos publicitarios fueron así bautizados en un principio.

Esta nueva y poderosa herramienta, pronto se transformó en la segunda más grande pesadilla de Internet, sólo superada por los virus y gusanos en términos del odio que despiertan en los receptores.

Actualmente, se calcula que más del 75% de los mails que viajan diariamente por la red son mensajes no solicitados de tipo publicitario. Consumen ancho de banda, espacio en servidores y otros recursos descaradamente, sin que nadie haga absolutamente nada al respecto.

Crece gracias al auspicio de empresas que pagan por que los spammers distribuyan sus mensajes, y se potencian con el uso de bases de datos llenadas en base a software almacenado local y secretamente en las máquinas (spyware), a software que recorre sitios y grupos de noticias buscando direcciones de mail, a encuestas y promociones para las cuales uno debe ingresar información personal y a las ya ultra famosas cadenas de correos. Estas enormes bases de datos son vendidas a bajos precios a "empresas" punto com que se dedican a la distribución de correo basura. Mediante la utilización de software para distribución de correo masivo, salen cientos de mensajes por minuto distribuyéndose con direcciones de remitente falsas, a fin de no poder ser rastreados o recibir respuestas. Sin embargo, no siempre se utilizan direcciones falsas, por lo que proveedores de servicios de correos también son víctimas del mal uso de estos servicios por no revisar los niveles de tráfico de sus clientes.

Cada día, me encuentro con entre 10 y 20 mensajes de spammers en mi mail del trabajo (dirección que sólo distribuyo con fines profesionales), y entre 40 y 50 en cada una de mis cuentas personales.

Frente a esta irritante invasión a la privacidad, es muy poco lo que puede hacerse actualmente. Tenemos dos casos que se comportan de manera distinta:

- Spam internacional: Si bien todo mensaje de spam dice apoyarse en la ley antispam (que supuestamente respalda tal actividad siempre que permita al usuario eliminarse por sí mismo de la lista), tal ley no existe. Debemos tener claro que se refiere a una enmienda a la ley norteamericana (por lo cual no es necesariamente válida en el resto del mundo), y dicha enmienda ni siquiera se aprobó, sino que reposa plácidamente en algún cajón del poder burocrático gringo. A pesar de esto, la gran mayoría de estos mensajes contiene un link o enlace a una página que permite ser removido de la lista de distribución. Según mi experiencia personal, funciona en aproximadamente un 70% de los casos.

- Spam chileno: Aquí el tema es peor. Dicen apoyarse en un artículo (que sí existe) de la ley del derecho del consumidor, sin embargo, esta ley condiciona al spam indicando que, al igual que en la ley que no existe, para no ser considerado ilegal debe contar con un método válido de remoción. Esto normalmente no se cumple en el spam nacional.

Ahora bien, lo irrisorio del tema radica en que los propios spammers odian ser calificados de tales. En los mismos enunciados de sus mensajes, dicen que "no puede ser considerado spam" si cumplen con la ley. Pues bien, señores spammers, ahora que ya aprendieron qué significa spam, pueden ir removiendo esos enunciados de sus mensajes y admitir su rol en esta sociedad: parásitos electrónicos.

Nuestra legislación poco o nada nos apoya para frenar esta aberración. Recientemente, tuve un acalorado "ping pong" de mensajes con el supuesto "gerente" de una de estas empresillas. Todo comenzó por la abismante cantidad de spam que me llegaba emitido y firmado por ellos. Cuando me aburrí de irme removiendo de sus listas (ojo, que para ellos cada una de las empresas a las que publicitan posee una lista separada, por lo que hay que irse removiendo manualmente una por una), decidí averiguar los datos del dueño del dominio en Nic Chile (quien legalmente gestiona la propiedad de dominios en Chile), y me comuniqué con él, explicándole que su método de remoción no sólo no funcionaba, sino que carecía de sentido práctico tener que eliminarme por separado de cada lista, dado que si uno se da el trabajo de ir a aquel enlace es porque no tiene interés en recibir más correo publicitario. Ahí se notó el nivel de educación y preparación. Respuestas agresivas y desafiantes, y ninguna solución. Ante la presión de ser denunciado a su proveedor de conexión y hacer público su ilícito, aceptó eliminarme de la totalidad de sus listas... Lo cual hasta la fecha no sucede. Averiguando más, llegué al Sernac, donde me informaron que dado que la persona/empresa no accede "por las buenas", el siguiente paso es una demanda vía juzgado de policía local. Es decir, alguien invade mi privacidad, satura mis cuentas de correo, yo debo realizar el proceso de eliminarme de sus listas, esto no funciona (condición requerida para que su actividad no sea ilegal), y adicionalmente yo tengo que ir a realizar una denuncia... Una serie de hechos que nunca debió siquiera haber comenzado. No perdamos de vista que el correo electrónico se ha transformado en una herramienta de trabajo tan importante como el teléfono. Ya no es un lujo ni una posesión exclusiva de informáticos expertos-fanáticos o geeks. Hace muchos años que dejó de serlo.

Es de esperar que nuestro moderno aparato legislativo se ponga al día y haga algo al respecto, y comencemos por la base de defender los derechos de cada uno en lugar de forzarnos a pelear y gastar dinero por conseguir que nos sean respetados (personalmente creo que la privacidad debe estar considerada entre ellos). Si bien tal vez hoy no sea un problema que nos haga colapsar, no perdamos de vista que esto está creciendo a un ritmo nunca visto… Do the math…

- Vischo -