Mala Clase
Debo admitir que no fue tan evidente ni tan fácil, hace menos de un año yo era un alérgico al matrimonio. Finalmente, las cosas se dieron y en cuestión de unos pocos meses, el tema quedó decidido. Me caso.
Después de vivir paso a paso todo lo que me advirtieron que sucedería (impulsos de arrepentimiento, dudas, pena, etc.), logré llegar al estado al que todos los casados han llegado antes de dar el paso definitivo: aceptación y compromiso.
Estoy contento al respecto, entusiasmado, probablemente ilusionado con cosas que realmente no sé si se darán de la forma que espero, pero eso depende mucho de quien tengo a mi lado, y tengo confianza.
Sin embargo, este tema me lleva de la mano a pensar en otras cosas, lo que viene después. Si bien la fiesta misma, los trámites (creo que si sobrevives a los trámites, sobrevives casi a cualquier cosa) y todos los preparativos consumen neuronas, energía, nervios, tiempo y dinero, no hay que perder de vista que eso es principalmente un set de cosas previas y pasajeras... Lo heavy es lo que viene después de la fiesta y la noche de bodas (tan sobrepreciada, si para el caso esa noche quedas muerto antes de llegar a la cama). La convivencia. El inicio de lo real.
La convivencia misma tampoco me asusta tanto, dado que es un asunto de saber llevar la cotidianidad, evitar la rutina, organizar gastos, moderar costumbres, ceder harto. No es que sea fácil, no se malentienda, sino sólo que es más sencillo que "lo otro". "Lo otro" es la llegada de el o los críos. Hijos, retoños, herederos, el nombre que sea. No me refiero sólo al peso psicológico que acarrea el hecho de ser el responsable por la formación de un futuro ciudadano, quizás un médico, un hombre de negocios, un gásfiter, lo que decida ser; tampoco por la responsabilidad apabullante de lograr que sobreviva hasta que sea más o menos adulto; lo que me ahoga es el medio en el que le tocará vivir.
Mi bisabuelo vivió parte de su niñez en el sur, entre árboles, ciudades pequeñas, tren y puerto, leche de vaca, desayuno con huevos de las mismas gallinas que cacareaban en el patio al amanecer. Mi abuelo, bueno, a él ya le tocaron cosas más modernas, como tranvías y la vida en la "gran" ciudad, la mega orbe, Santiago. Mis viejos ya nacieron habiendo autos con formas para nosotros reconocibles. Sin embargo, hablamos de un entorno en donde veías principios, solidaridad, respeto, caballerosidad. Cuando yo nací, estaba un poco más degradado el ambiente, pero seguían existiendo cierto nivel de principios y gentileza. Recuerdo haber pasado largas horas andando en bicicleta con amigos, de noche, llegando entero a la casa. Automovilistas cediéndome el paso mientras iba en mi bici. Hasta alguna micro. Habían pocos patos malos, y la gente adulta tendía a ser protectora.
Hoy veo un mundo, por resumirlo en un solo término, podrido. Degeneración en exceso, alcohol en exceso, drogas en exceso, violencia en exceso, hostilidad en exceso. Todo lo negativo potenciado a mil. Choques y muertos cada día por una borrachera, causa también de casi todas las peleas callejeras que ahora traen de regalo balazos y, cuando son amistosas, sólo armas blancas. Pendejas chicas más fáciles que un perro con hambre. Cabros chicos que asaltan con más dureza que un megacriminal de los '80s.
Ahí me detengo un segundo y me pregunto "qué pasó?". De verdad no entiendo muy bien. Presiones sociales? La TV? el cine? las drogas? No sé, pero si sé que cuando mi hijo nazca, se va a encontrar con un mundo que no parece ser ni pariente del que me recibió a mí, y eso me incomoda, lo siento injusto. No se lo merece, porque ni siquiera estuvo presente cuando lo echamos todo a perder. Se va a criar respirando más smog que yo, comiendo cosas tóxicas que aún no existen, en un ambiente que lo va a tener con el mismo nivel de stress que yo, pero cuando tenga 8 años.
De verdad me preocupa, en serio. Con quien hablemos, sea de la generación que sea, podemos descubrir algo en común: Chile no evoluciona en ese aspecto. Se que no es sólo responsabilidad de un país, pero es éste en el que vivimos. La rotería, la falta de criterio, los frustrados y sucesivos intentos por mejorar la educación general. No hay caso, no cambiamos. Somos el país del que saca la vuelta en la pega, de la licencia médica falsa, del que raya la micro nueva, del que rompe el teléfono público, de rendir una boleta que no se gastó en la pega, de arrancar antes de que llegue el cuidador de autos, de no devolver la luca. Mala clase.
El otro factor curiosamente común es que no lo asumimos. No asumimos nuestra mala clase, no asumimos que siempre intentamos sabotear la pega del otro, al fisco, irnos en la micro por $100 o subirnos por atrás, y sin pagar si se puede. Y creo que ese es el verdadero problema.
Si eres alcohólico y te metes a rehabilitación, lo primero que harán es concientizarte de que SI eres alcohólico, para que superes la etapa 1, que es la negación. Lo mismo con cualquier vicio. Un vicio es, en general, una mala costumbre profundamente arraigada. Ser mala clase es un vicio. El paso 1 es que admitamos lo que somos, un país de gente mala clase, con principios débiles (y en venta), donde nos importa más que gane nuestro partido político, aunque el/la candidato provoque vergüenza ajena y no convenza ni a su madre. Donde nos importa más ganar la discusión que nutrirnos de puntos de vista nuevos. Un país de triunfadores al pedo, de corredores entre semáforos. Todo al lote, todo en chico, nada en serio. Ya, sí, de ahí te llamo… Sí, si voy… No, claaaro, por supuesto… Oye si hace mucho que no pasa nada con mi mujer… Tienes algo tan especial, nunca lo había sentido… Mañana te la devuelvo… Esta vez sí que lo haré… Mañana mismo empiezo… En fin, toda una sarta de chilenismos que son igual que bailar cueca, te das un montón de vueltas, zapateas, aleteas y al final quedas donde mismo, y ni la cintura le agarraste a la peuca.
Admitamos que somos mala clase, que no somos jaguares de ningún lado, que no existe el concepto de "país en vías de desarrollo", sino que somos tercermundistas, mentalmente al menos. Nos lo pido porque es el primer paso para que salgamos de donde estamos. Nos lo pido por mi hijo, por tu hijo, por nuestros nietos, para que ellos puedan criarse en un "país en vías de rehabilitación".
¿Cómo sabes? En una de esas, podríamos incluso darles la oportunidad de tener una vida un poco más cercana a lo que merecen...
- Vischo -
