martes, julio 26, 2005

El Tigre y el Ratón

"El Tigre Ha Sido Liberado", vemos por doquier escrito con orgullo en distintos sitios de comercializadores de productos Apple. La marca de la manzana ha lanzado la última versión de su sumamente estético sistema operativo. Es una distribución de Linux llamado "Darwin", compilado para los procesadores que hasta hace poco IBM fabricaba para esta marca, que más que símbolo de un sistema amistoso, es mas bien un símbolo de status. Status porque con el millón y medio de pesos que cuesta un PowerMac G5, con su línea setentera y un muy bien aprovechado espacio interior, podrías hacerte de un verdadero monstruo computacional que doblegue sin asco ni esfuerzo la capacidad y rendimiento de un G5.

Eso es lo que ocurre cuando una maquina es diseñada para que entre por los ojos. Estética, innovadora en el aprovechamiento de espacio y espectacular en su sistema de enfriamiento. Y no podía ser de otra forma. ¿Algún Mac-fan se habrá preguntado por qué no existen iBooks ni PowerBooks G5? La respuesta es la misma que causó que Apple "mirara para el lado" e hiciera un acuerdo con Intel y desechara a IBM. El gigante azul no logró desarrollar un procesador superior al G4 que fuera capaz de instalarse en un notebook sin consumir la batería en menos tiempo del que le toma al Hombre Araña ponerse su no muy sobrio disfraz. Bueno, diría un fanático, igual lo usaría conectado a la corriente. Si, podría, pero sólo si quisieras usar esa máquina como parrilla eléctrica de millón y medio de pesos. Porque, debido al mismo tema del consumo, de la mano viene el problema del calor.

Estas máquinas ya descontinuadas, lo cual fue publicado como corresponde, siguen vendiéndose al mismo precio de una top of the line. Ya entraron al matadero, sabemos que a fin de año quedarán en calidad de costosos pisapapeles. Su tecnología quedó atrás debido al cambio de arquitectura.

Sin embargo, las ventas de Apple no bajan.

Volvamos al Tigre. Este Linux en idioma manzanita, distribuido con nombres de los hermanos grandes de los gatos (Jaguar, Panther y ahora Tiger), si bien es bastante superior a las versiones anteriores (conocidas como 9.x, 8.x, etc.), implicaron un cambio completo en términos de compatibilidad, soporte de hardware, seguridad y flexibilidad de configuración.
Ciertamente el cambio hacía falta en esa época, pero creo que nadie esperaba un cambio que implicara dejar botados los programas que se usaban con la versión inmediatamente anterior. Adicionalmente, las máquinas nuevas incluían la versión nueva y venían bloqueadas a nivel de ROM para que el usuario no pudiera instalar una versión anterior de sistema operativo. Como que una máquina PC viniera bloqueada para XP y no pudieras instalarle Linux, Windows98 ni nada. Solo XP. Y ojo, entendiéndose que en XP los programas para 98 no correrían.

Sin embargo, Apple no dejó botados a sus usuarios y diseñó una solución: Quien requiera usar sistema 9.x (porque las anteriores definitivamente quedaron fuera), podía escarbar en los discos de su nuevo sistema y encontraría el "soporte para Classic", nombre con el que se rebautizó al sistema 9.22, el último antes de los félidos. Eso, por supuesto, después de haber iniciado el sistema nuevo. Se carga un entorno EXTRA, a un altísimo costo de RAM y de tiempo de procesador, que permite a la máquina emular el sistema anterior y correr gran cantidad de sus viejos programas. Y sólo ese soporte para Classic requiere de más del triple de espacio de lo que requería el Classic de verdad.

Sin embargo, los usuarios Mac siguieron comprando.

Como si todo esto fuera poco, cada versión de OSX (nombre genérico del sistema 10, que engloba a Jaguar, Panther y Tiger) requiere que uno baje la friolera de no menos de 180 MB en parches para poder utilizar todo lo que se ofrece. Por ejemplo, compatibilidad del cliente de correos para Exchange o ser capaz de ver a todas las máquinas que estén conectadas a la red local. Por supuesto, el Tiger, que lleva poquísimo tiempo a la venta, tiene una cantidad de parches y correcciones mucho menor por el momento. Pero ya las hay. Y lo que es peor de todo: Esta vez se dejó afuera a las máquinas con sistema 9 y anteriores y a servidores NT. Tiger, proclamado por Apple como el más "compatible" de sus sistemas, es el primero que deja deliberadamente afuera a sus predecesores. Es capaz de ver a máquinas con Windows y Linux para PC, pero no a otras Apple con sistemas anteriores.

Sin embargo, los seguidores de Apple no dejan de comprar.

Creo que eso justifica lo que Apple gasta en publicidad. Tener un séquito de fervientes y desinteresados seguidores, que gastan una brutalidad de dinero en una máquina que no es equivalente a lo que uno puede adquirir en otras plataformas... Gastando menos. Es como cuando uno es chico y se enamora de la profe. Sabes que jamás la tendrás, que jamás serás correspondido, pero sigues mirándola con ojos anhelantes. Sabes que Apple no pensará en tu economía, pero sigues dándoles tu dinero.
Es como el fanatismo frente a ciertas marcas de automóviles, como algunos franceses, que sabiendo que llevan varios años sacando al mercado vehículos con defectos de diseño y de fabricación, siguen siendo fanáticos.

Estas conductas me recuerdan a un famoso personaje, que logró sacar a su país de la depresión a costa de arrastrar a millones tras un objetivo aparentemente noble: La pureza de la raza. Sí, me refiero a Adolf Hitler. Un hombre que movió millones con sólo hablarles, sólo porque encontró la forma de transmitirles un mensaje positivo y esperanzador. Tal vez falso, pero hermoso en principio. Como una máquina Apple, estética, linda, pero poco funcional y condenada desde el día uno.

Apple se enfrenta también a un dilema parecido al de Hitler. A veces, es preferible retractarse y replantearse las cosas para resolver un problema. Apple, tal vez sin querer, está migrando a una arquitectura que es el soporte de más de las 3/4 partes del total de computadores personales en el mundo. Sin querer, estará favoreciendo a sus usuarios (sólo de máquinas nuevas, por supuesto) al acercarlos a ese standard. Van en camino de ser compatibles en serio. Digo "sin querer" porque el fanatismo de Apple no son sus usuarios, la relación no es mutua, el objetivo de Apple es no quebrar, y luego vender cada vez más. Dieron un buen golpe con el iPod, su versión propia, moderna y estética de lo que alguna vez fue un walkman, pero con música en formato electrónico. Al parecer se han reemplazado algunas cabezas dentro de la manzana.

Para ser bien honesto, uno de mis placeres culpables sería darle una buena mascada a la manzanita esa. Cuando no tenga gusanos adentro, eso sí.

La Culturología

Al parecer, nuestros ejecutivos televisivos, que son el equivalente a lo que en tiempos medievales fueron la inquisición y el clero, por el poder que tienen sobre nuestras vidas, han adoptado un nuevo deporte. A cualquier cosa se le agrega la palabra “logo” o “logía”, y de ahí deriva una suerte de profesión.

Así, nos hemos llenado de, por ejemplo, “opinólogos”. Hoy en día cualquiera puede ser un opinólogo. Un fotógrafo cuya mayor gracia parece ser su desviación en gustos sexuales. Una ex modelo, ex animadora, ex polola de algún futbolista, ex cualquier cosa. Basta con vomitar lo que se le venga a la mente frente a las cámaras, sin el uso de ni un solo filtro, generalmente ni siquiera intelectual, y tenemos frente a nosotros a una persona que gana nunca menos de 5 veces un sueldo mínimo por el sólo hecho de dirigir ese vómito a una cámara y a un micrófono en un programa televisivo de bajo presupuesto. Y que genere bajas expectativas en el televidente.

En lo personal, nunca me gustaron los críticos de cine. Y la razón es muy simple. Se sentaban, veían una película, poniendo cara de asco, y empezaban a desmenuzarla, pausarla, retrocederla o lo que fuera con tal de detectar cualquier anomalía, asincronía o detalle para destrozarla en público.
Normalmente un crítico de cine ni siquiera ha escrito un corto para TV. En base a eso, a mi parecer, esa persona no es apta para sentarse a criticar porque carece de experiencia en el tema.
Tengo muy grabado un recuerdo de mi pendejud (entiéndase entre adolescencia y juventud). La película “Platoon” (“Pelotón”) fue destrozada por uno de estos críticos en una famosa revista femenina. Demasiado sangrienta, violencia innecesaria, falta de profundidad en la trama, música demasiado triste (sí, música demasiado triste…). Luego, la película fue premiada con 8 oscares, y en la siguiente entrega de la revista, a la cual mi madre estaba subscrita (le encantan los puzzles), veo otra crítica a la misma película, esta vez clasificándola de soberbia, cruda, realista, profunda y con una música sobrecogedora… Partí corriendo a buscar el otro ejemplar y comprobé que el crítico era el mismo. Pensé en escribir a la revista para hacerles ver la incongruencia, pero al final preferí salir en bicicleta con unos amigos. Y después se me olvidó.

Démosle una vuelta al tema. ¿Me operaría del cerebro con un cirujano menor que yo, que aún no termina medicina y que nunca ha abierto algo más que una rana disecada? ¿Confiaría una inversión a un economista que está en la ruina? ¿Le pediría que me enseñara a manejar a alguien que no tiene auto, y que nunca ha conducido uno?
Podría pensarse que con mi manera de ver las cosas, la crítica de cine de las revistas me las salto. Error. Las leo. Y las leo para pasar rabia, ese masoquismo interno que tenemos todos en algún grado de rabiar por el puro gusto de rabiar.

Después de eso, aparecen los “opinólogos”. Valga el alcance de que un crítico de cine al menos ve la película, y cuenta con un grado de cultura que le permite elaborar, redactar y leer o aprenderse un análisis desarrollado por él mismo. Un opinólogo, en cambio, puede ser cualquiera. Puede ser una persona sin la educación necesaria para abordar el tema tratado, una persona que ni siquiera tiene presencia ni voz como para ponerla al aire. Esas cosas son secundarias. Ahora, si además ese opinólogo ha participado de o causado un escándalo, tanto mejor.
Ahí se detiene mi placer culpable. No me da el cuero para ver eso.

Cerremos el cuento.
¿Qué estoy haciendo yo? ¿No estoy acaso aquí sentado criticando a otros que hacen cosas que yo no he hecho? ¿No estoy haciendo lo mismo que critico?
¡Bien! ¡Eso estoy haciendo! Con dos pequeñas diferencias. No salgo en el diario por mis escándalos, y no cobro.