domingo, enero 01, 2006

Este año sin falta!

A contar de anoche, hoy es el día de los abrazos y de los buenos deseos. Es como una catarsis en la que masivamente sacamos todo lo bueno que con tanto esfuerzo ocultamos todo el resto del año. Es como que gastamos apuradamente en sólo un ratito esa cuota de bondad y buenas intenciones hacia el prójimo que debería durarnos para el resto del año, y nos ponemos un montón de metas peligrosamente cercanas a lo imposible, como comenzar una vida sana, hacer dieta, dejar de fumar y demases.

Trasnochado y aún con un poquito de resaca, me levanté en shorts y “a pata pelá” a intentar poner mis ideas por escrito. Con toda esa gente con la que tanto comparto, con la que muchas veces peleo, en estas fechas es cuando renovamos todos esos sentimientos de cariño y cuanto lazo positivo pueda mencionarse. Y no pude evitar una cierta analogía…

Hace un par de noches, vi una película, supuestamente de terror, que se llama “Saw II”. Ya había visto la 1 antes. En ambas, el factor común es un pre-asesino serial. Digo “pre” porque la intención real del tipo no es matar a sus víctimas, sino que sobrevivan a una situación con riesgo vital en la que él los deja. Por ejemplo, comienza con un tipo que es un soplón que trabaja para un policía corrupto, y despierta en una pieza oscura, con un extraño dispositivo metálico que rodea su cuello. Este dispositivo le aplastará la cabeza si no desactiva el timer que hace la cuenta regresiva para matarlo, para lo cual necesita una llave. El asesino le dejó esa llave, previa cirugía, puesta detrás del ojo derecho, y le deja instrucciones y un bisturí. Lo que el asesino busca no es que la gente muera, sino que sientan por un solo segundo ese aprecio por la vida que uno siente cuando sabe que esta expuesta. El asesino es un enfermo terminal de cáncer, por lo que sabe de dolores y de ese apego a la vida que uno siente cuando sabe que tiene un reloj corriendo en contra. En el caso puntual del soplón, la llave quedó puesta detrás de su ojo porque lo usa para su sucio trabajo, y eso es lo que ocurre con cada una de sus víctimas. Las somete a una situación extrema que debería hacerlos reaccionar frente a lo mal que están llevando sus vidas.

Yo siento que la celebración del año nuevo tiene alguna similitud con esa trama. El fuerte shock emocional que viene de la mano con el “3… 2… 1…” es intenso, similar a lo que se ve en la película, aunque a una escala mucho menor. Tan fuertes son las sensaciones que algunos hasta lloran. Muchos me han comentado, y en mas de una ocasión lo he sentido también, que se vive una especie de breve racconto con todas las vivencias importantes del año que muere: algún logro como titularse, la pérdida de un ser querido, el quiebre o inicio de una relación amorosa, un cambio de trabajo, alguien querido a quien tenemos lejos y quisiéramos que estuviera ahí, etc. Todo eso, reducido a unos pocos segundos, se transforma en algo tan fuerte que nos hace plantearnos una serie de modificaciones a nuestro actual estilo de vida. Y precisamente ese es el punto. Una vivencia tan brutal, tan conmovedora, que nos hace salir del trance y pensar de verdad. Eso siempre es bueno… Pero esperamos el nacimiento del nuevo año con el alma llena de esperanzas tan excesivamente hermosas, que sin duda nos decepcionará, y dentro de doce meses estaremos haciendo lo mismo una vez más. Ahí, frente a la muerte de este año, con la incertidumbre de cuan seguido veremos a esas personas con las que estamos compartiendo, con la esperanza de que este año nuevecito venga cargado de cosas buenas, con las emociones exaltadas por la celebración, nos llenamos de ilusiones, esperanzas y buenos deseos para nosotros y para quienes queremos.

Esa es la parte que me da un poco de pena. Ver que todos queremos cenar en ese restaurant, pero todos olvidamos que también hay que pagar la cuenta. Deseamos lo mejor para nosotros y para los demás… ¿Pero cuánto estamos realmente dispuestos a pagar por ello? ¿Seremos capaces de mordernos la lengua antes de responder pesadamente a la primera situación molesta con alguno de ellos? ¿Seremos capaces de contar hasta 10 antes de soltar una ofensa? ¿Seremos capaces de seguir cediéndole el paso en la esquina al tipo que viene en auto por la otra calle, y encima de todo, saludarlo? ¿Realmente estamos dispuestos a pagar el precio de nuestros deseos?

“Cuidado con lo que deseas”, reza un antiquísimo refrán chino.

Por experiencia propia, puedo asegurar que antes de una semana ya habremos vivido el primer mal rato evitable, por no saber callar o ceder. La primera trizadura en nuestros hermosos deseos para este año nuevecito que nos han regalado.

Bueno, mi intención al escribir estos pequeños artículos, siempre ha sido analizar un problema e intentar visualizar una solución, y creo que esta es la más fácil de todas. De ver, más que de concretar.

Evidentemente, gozaremos de un año mucho mejor si perpetuamos nuestro ánimo, nuestro sentido de “lo nuevo” que acompaña a esta celebración. Celebremos el “día nuevo”, igual como lo hacemos con el año. Incluso, tal vez sería suficiente con celebrar “la semana nueva”. Repartir toda esta cuota de optimismo y buena onda sabiamente, para que nos dure hasta diciembre. No nos tomemos la botella entera, hasta verle “el poto por dentro”. Hagámosla durar, y sirvámonos sólo una copita hoy, y la vamos dosificando para ser siempre gente con buenas intenciones, gente con paciencia y que emite una buena vibra. Conozco personalmente a gente que lo practica, y hay que ver cuan felices son.

¿Te animarías a intentarlo?
Lo peor que puede pasar, es que en algunos meses más estés brindando con champaña y echándole la culpa al resto porque tus sueños no se cumplieron, pero igual sonreirás esperando que el 2007 te traiga más regalos que el 2006.

¡Feliz año nuevo, y que la champaña te dure hasta diciembre!

- Vischo -