La solución más simple es la correcta
Cuando era chico, tenía frecuentes crisis espacio-temporales. Sentía como que era un espectador de lo que sucedía a mi alrededor, oía los sonidos suaves y lejanos, y la sensibilidad de la piel disminuía ostensiblemente. Sentía como que estaba muriendo. Muy desagradable. Recuerdo que le decía a mi mamá, cuando me venía, que me sentía “raro”. No sabía explicar, era chico.
Con los años fui aprendiendo a manejar esas crisis, aprendí a sobrellevar el momento, hasta que finalmente llegué a un punto en el que les perdí completamente el miedo. Y cesaron.
He oído de síntomas similares en personas con epilepsia, con psicosis y con otro tipo de desórdenes. Me hicieron en ese entonces un montón de exámenes, scanners incluidos, y la conclusión fue unánime: no tenía nada. Perfectamente sano, mentalmente creativo y ágil. Nunca hubo explicación.
He estado médicamente desahuciado en dos ocasiones, a raíz de un accidente y de una enfermedad fatal. Sin embargo, sobreviví a ambas sin secuelas. Debo admitir que no ví el túnel, ni la luz, ni voces ni nada parecido. Pero lo que sí recuerdo, en ambas ocasiones, fue cuánto se extendió el tiempo en los segundos previos al suceso. También el regreso, siempre impactante, fuerte y con los sentidos a mil.
Cuando tenía esas crisis extrañas, cuando me sentía “raro”, la situación era similar. Justo antes del comienzo de la crisis, la sentía acercarse y llegar, y esos segundos se me hacían eternos, sólo quería que terminara pronto. Luego, el regreso fuerte. La luz intensa, los colores se sentían vivos, oía cosas como los pajaritos cantando y autos pasando muy lejos, todos los sentidos exaltados. Sentía la brisa en la piel, en el pelo. Era como “resetear” la mente.
Me he preguntado en más de una ocasión, si la siempre mencionada “vida eterna” se tratará de eso. De la extensión de esos últimos segundos, cada uno más largo que el anterior exponencialmente, tendiendo a durar una eternidad. Para todo el resto del mundo, esos segundos pasan al ritmo usual, pero para quien tiene la vivencia, no.
Relatividad.
Igual que eso que dicen que la duración de los segundos depende de qué lado de la puerta del baño te encuentres.
Hay curiosos tratados al respecto. Incluso películas, y muy buenas. La última tentación de Cristo. Donnie Darko. Personajes que viven toda una vida en ese último segundo antes de morir.
Es cierto que aquí, en la tercera dimensión, supuestamente el tiempo es constante, no se detiene, no se acelera. Sin embargo, posiblemente debido a que somos más que cuerpos (el alma quizás a qué dimensión pertenece), ellos no son más que una proyección de nuestras vidas en un espacio representativo. Es como tratar de adaptar algo en un espacio en el que no encaja perfectamente porque su forma es distinta. Siempre quedarán pequeños espacios sin cubrir. “Deja vu”, le llaman. Según la película Matrix, eran fallas de programación, cuando alguien “superior” modificaba forzadamente algo sobre la marcha.
En lo personal, mi visión religiosa de la vida tiene matices muy particulares. Si bien practico (o al menos lo intento) los principios cristianos en mi vida diaria, creo férreamente en la reencarnación. Debido a mi formación científica, también busco explicaciones a todo, pero como no podemos ignorar algo tan poderoso como los instintos, las “tincadas”, y en general todo lo que escapa a la lógica clásica, no me restrinjo sólo a ella, sino que también dejo la puerta abierta hasta que encuentro explicaciones que cuadren por todos los ángulos y así finalmente poder comprender a cabalidad el asunto.
Cuando me siento a pensar estas cosas, mi feeling es que nada cuadra. Todas las cosas cuadran, pero sólo si se les ve desde el ángulo indicado. Si me muevo un poquitito, ya no sirve.
¿Cuál será la verdad?
Si lo que pienso respecto de la reencarnación es verdad, en esos instantes que estaré clínicamente muerto y mi alma se ponga en contacto con lo básico de nuevo, antes de volver a nacer, ahí lo comprenderé. Lástima que para cuando haya nacido de nuevo, hasta se me habrá olvidado cómo leer.
Ciertamente, la vida es un juego entretenidísimo, apasionante. Te la gastas completa intentando comprender lo incomprensible, alcanzar lo inalcanzable. Como la clásica búsqueda de la paz mundial, o de “ser feliz”. Me pregunto si alguna de las personas que afirman que su sueño es “ser” feliz, se ha cuestionado bien alguna vez lo que busca. Hasta el filete cansa. Ser feliz eternamente cansaría, estamos diseñados para soportar y superar problemas. La felicidad es un destello, un instante de plenitud. Si la vida completa fuera así ¿buscaríamos sentirnos vacíos un ratito? Es como llegar a la cumbre del Everest. Yo creo que a todos nos gustaría llegar ahí, pero no se cuantos estarían dispuestos a vivir ahí.
Lo que yo creo es que el secreto es el equilibrio, el mix. Que haya luces y sombras, cosas agradables y desagradables, salado y dulce. El complemento de las cosas opuestas. Yin y Yang, como le dicen los chinos. Macho y hembra, mar y arena, día y noche. Creo que el manual de instrucciones es la naturaleza misma.
Creo que eso de sentirme “raro” cuando chico era una advertencia. Me advertía que esto que me rodea no es el principio ni el final. Una simple demostración de que hay todo un mundo más allá de estas cuatro paredes que me rodean.
Y este es el punto álgido. ¿Qué busco con esa obsesión de entenderlo todo? ¿No sería fome una vida sin misterios? ¿Un mundo en el que todos pensáramos igual?
Creo que la máxima demostración de omnisapiencia e inteligencia divina es que las cosas estén como están. Que haya tareas pendientes. Que haya altos y bajos, blanco y negro, Yin y Yang. De lo único que realmente se aprende es de la diversidad. Una discusión entre dos que piensan igual, será una mutua ducha de halagos. Entre dos que piensan distinto, sin son inteligentes, en una fuente de conocimientos e inspiración para experimentar.
No nos desgastemos tanto en la búsqueda de la felicidad. Amenicemos y disfrutemos el camino, que no es tan largo como parece. Y por algo nos tocó recorrerlo juntos.
- Vischo -

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