jueves, marzo 23, 2006

Prestando el voto

Una vez más, Chile presta el voto.
No es que sea de oposición, no es que sea budista. El tema es bien simple. No puedo entender por qué ganó “ella”.
Partamos por aclarar un par de cuentos personales. No se puede decir que yo sea una persona machista, no patológica, al menos. Sin embargo, no creo tampoco que por el solo hecho de pertenecer a determinado género sea uno la persona ideal para una labor X. No necesitas ser mujer para preparar un plato de comida. No necesitas ser hombre para entrar a un mall y haber salido con tu compra bajo el brazo en 15 minutos. A mi juicio, eso es discriminación, igual que la racial. De la misma forma, no creo que una persona, por el sólo hecho de pertenecer a determinado partido político, sea un digno exponente de lo que predica tal partido.
No voté por “ella” por dos razones. Una, no la creo una persona adecuada para el cargo. Dos, no la considero una buena exponente de su partido político.
Creo que va a ocurrir lo mismo que viene ocurriendo desde que terminó el régimen. El pueblo elige a un representante de la izquierda porque cree que será mejor representado. Veamos algunos detalles al respecto.
- En un país donde el 95% de la población es de clase media hacia abajo, abanderarse con “el pobre” es lo más astuto que se puede hacer. Punto para la izquierda, la tendencia que ayuda al pobre.
- Demonizar al contrincante es, si bien la más inmoral de las formas de competencia, la más efectiva si es aplicada sobre un universo de un nivel cultural bajo. Asociar a la actual gente de derecha con “el tata” es tan rebuscado como asociar a la gente de izquierda con “don Chicho”. Y de sobra sabemos que la izquierda ha demonizado a la derecha. Punto para la izquierda.
- En un universo en el que la mitad de la gente es mujer y ve teleseries, es razonable pensar que usar a esos mismos actores dará buen resultado, dado que resulta un personaje creíble y conocido. Y hay que ver que en este país casi todos los actores son de izquierda. Punto para la izquierda.
- Ilusionar, en este caso puntual, a la mujer con el supuesto de que tener una presidente mujer cambiará las cosas para ellas, sacar frases dignas de Luther King (pero aplicadas al machismo en lugar del racismo), es un refuerzo potentísimo. De hecho, bastaba ver a las “viejujas” a grito pelado y puño en alto gritando “ahora van a ver quien manda, mier…”. Punto para la izquierda.

Podría seguir enumerando un buen rato todos los puntos que se anotó la izquierda en su campaña presidencial. Ciertamente, brillante ese equipo creativo.
Sin embargo, dejemos la propaganda de lado y vayamos a lo real.
Tuvimos un presidente que se hacia llamar “socialista”, sin embargo jamás se hizo nada por emparejar la realidad social de Chile, a no ser que le llamemos así al hecho de eliminar tortuosamente a la clase media, desplazándola hacia abajo. Un socialista que privatizó hasta las carreteras. Un socialista que no le dio ni pelota a los indigentes, a los trabajadores de la salud, a los profesores, a los jubilados y a muchos otros quienes le prestaron el voto porque prometió apoyarlos. Un socialista que no rebajó ni un punto los impuestos que perjudican directamente a los votantes, como el específico a la bencina, porque tenía muchas cosas, buenas y de las otras, que financiar. Como sea, todos los candidatos hacen lo mismo, pero lo que si es grave es ver a un socialista potenciando el capitalismo y marcando las diferencias sociales de una manera tan descaradamente evidente.
Bueno, compatriotas, hemos cometido el mismo error nuevamente. Quienes prestaron el voto para salir de la pobreza, esperen sentaditos, porque ahí mismo se van a quedar. Quienes lo prestaron para salir del estancamiento, dedíquense a trabajar, que si no igual no comen. A las mujeres, ya veremos, tal vez algo pueda hacerse por ese lado, pero desde ya desvístanse de tantas ilusiones que rozan en lo irrisorio.
La izquierda está usando el modelo económico de la derecha. Por eso tenemos una “macro” tan buena y una “micro” tan patética. Y espérense que baje el cobre, porque ahí si que se van a ver los números de verdad, y no tan inflados como ahora. Es cierto, la economía se ha sostenido con resultados positivos en gran medida gracias al cobre.
Entonces, dadas así las cosas, me parece ilógico que sigamos identificando a los partidos políticos con ciertas clases sociales, o con determinadas tendencias económicas. Están todos en las mismas, chupando la teta mientras de leche, que para el caso, después los responsables siempre habrán sido los del otro lado.
Ciertamente no puedo ser igual de utópico que las “viejujas” con delantal y paño de cocina gritando por la liberación femenina y bailando un antiestético reggaeton en la calle. No voy ni siquiera a sugerir que los políticos no salvan a nadie ni nada de eso tan trillado. Sólo me limitaré a hacer una humilde observación, y una inocente pregunta: ¿De verdad alguien se traga que el gobierno va a defender a los pobres? No perdamos de vista que ellos siempre han sido el equivalente a los jubilados, a los huelguistas, a los que se toman terrenos… Un lastre, una molestia, pero si sirven al momento de ganarse el voto, porque son fáciles, porque están desesperados.
A mis ojos, es como esconderse detrás de un niño al momento de pelear.
Con respecto a las tendencias económicas, realmente no sacaríamos nada yendo contra el mundo, eso está claro. Por ahora al menos, hay que ser capitalista. Pero si eres capitalista, no te hagas llamar socialista ni comunista ni nada de eso. Si eres ateo o agnóstico, curioso resulta que tengas que conducir a un país de creyentes. Y relacionarte con su iglesia también. Si se te confiaron labores de administración y no las cumpliste, poco probable es que seas un buen administrador general… Un ex ministro de salud que no fue capaz de resolver los problemas que hubo en su momento, un ex ministro de defensa que se enteró del boinazo por las noticias mientras tomaba tecito, poco probable es que lo haga bien como presidente.
Sin embargo, no creo que sea el fin del mundo, para nada. O es tal vez algo de fe, o es resignación, porque no seré yo quien cambie las cosas desde aquí. No haré lo que estoy criticando, no demonizaré a nadie. Sólo espero que pronto se instauren la honestidad y la sinceridad como requisitos morales para quienes se postulen a cargos de tan alta dignidad. Honestidad para reconocer que no perteneces a un bando, sino al otro. Sinceridad para admitir que no vas a pescar realidades “pequeñas”, porque lo que te importan son los números grandes, porque ellos hablan de tu gestión y en base a ellos serás evaluado.

Las conversaciones políticas son siempre infructuosas cuando conversas con gente de poco criterio. Ojala este pequeño descargo no de lugar a malas interpretaciones. Mi objetivo es que comencemos a aterrizar. “Sólo sé que era ciego, y ahora puedo ver”, esa es de la Biblia.


- Vischo -