domingo, septiembre 03, 2006

La carrera que siempre se pierde

A las palabras, al igual que a los pájaros, se les deja salir una sola vez.
Hay refranes chinos, árabes, japoneses y de variados orígenes que intentan transmitir ese mismo concepto, que las palabras no tienen vuelta atrás una vez dichas.

Sin embargo, como están las cosas en los medios ahora, nada mas lejano a la sabiduría que la forma de la que se esta expresando la gente. No me refiero solo a una que otra opinóloga, ni a otros entes aparecidos de la nada, auto investidos con un poder supremo de sapiencia y moral, que les permite ir y opinar, enjuiciar, menospreciar a quien se les atraviese, sin importar sus propios pasados. Estamos frente a un fenómeno más potente que eso. Algo que ya ni siquiera respeta fronteras políticas ni geográficas. Lula da Silva. George Bush. Evo Morales. Hugo Chávez. Todos los políticos chilenos. La periodista de CNN y el pelambre de su cuñada, al aire, frente a medio planeta.

Otro de los tantos dichos antiquísimos, cuyo origen se atribuye a algún sabio árabe, reza algo así como "el sabio no dice lo que sabe, el necio no sabe lo que dice".
Los medios, la farándula, el apuro en el vivir, la falta de respeto colectiva y varias otras clases de cáncer intelectual han atacado y los síntomas se están haciendo visibles.

Soy un convencido de que los medios afectan la personalidad. Tan básico y simple como el principio de que el entorno afecta e influye en la formación de cualquier ser vivo, desde un árbol hasta un niño. Los medios, en una carrera loca por rating, ya no están escatimando recursos en nada con tal de vender. Alguien da con algo que venda, y en dos parpadeos ya lo copiaron, y con la misma rapidez tenemos al resto de los medios repitiendo la receta. ¿Resultado? Programas de farándula en todos los canales. Programas de dramas rosa y exposición de temas íntimos en todos los canales. Investigación periodística que deja chica a la investigación policial. Juegos, música, bailes y concursos que van más allá del erotismo sensual. Se forma una barrera alrededor tuyo, vía TV, que te encierra, teniendo solo dos posibles salidas: ver cosas grabadas (cable, DVD, VHS, etc.) o apagarla.

Es cierto que no se puede vivir toda una vida solo concentrado en las cosas profundas de la vida, ni basado en la sabiduría milenaria, ni dedicar todo minuto libre a la reflexión. También hace falta distraerse, hace muchísima falta el humor, es muy bueno cambiar el switch, desconectarse y refrescar las ideas. Sin embargo, toda sobredosis hace mal. Acudiendo a otro dicho, fruto de la mente de un sabio: "Todo es veneno y nada es veneno, solo depende de la dosis".

En este momento tenemos una sobredosis de superficialidad, de vivir sin pensar, de competir sin valores, de buscar la propia satisfacción sin importar cuantas cabezas rueden por el suelo, de surgir, hacer más plata, tener más, ser más que los otros económicamente, o más bien, tener más poder que los otros.
Esta descarnada lucha de poderes, que se esta peleando en el campo de la superficialidad, ha transformado no solo nuestras vidas, sino que nuestro entorno, el cual es el entorno de los niños de hoy y mañana. En ese entorno se están formando. Estos serán sus valores, sus principios.

Como todo cambio colosal, ha sido paulatino, ha tomado años. Ha ido de a poco, así que no nos damos cuenta.

El proceso es claro. Nos formamos y vivimos una vida corriendo, pendientes de lo superficial, dejando de lado el alma, el sentido de las cosas y de la vida misma. Envejecemos aceleradamente, saltándonos etapas. Finalmente, morimos en la soledad, en el vacío, y probablemente, cuando estemos a las puertas de dejar este mundo, habrá arrepentimiento, no necesariamente de nuestros malos actos... Sino de no haber vivido de verdad, de no haber disfrutado el camino, sino que corrimos hasta llegar a la meta de manera automática, sin nunca haber tomado las riendas de nuestra vida real.

Sin embargo, nunca es demasiado tarde para recuperarla. A contar de hoy, tomare breaks en mi vida. Voy a hacerme el tiempo de pasar a una plaza a tomarme un helado, subir a la terraza del edificio a mirar estrellas y escuchar los ruidos de la noche, tener tiempos de silencio. Tal vez no sea la forma más rentable de invertir mi tiempo, pero creo que podría ayudarme a salir del coma.

- Vischo -