La creatividad en el closet
Quienes nos hemos dado el tiempo de leer no sólo publicaciones formales, sino que foros, blogs y otras publicaciones gratuitas electrónicas, nos topamos básicamente con personas que siguen a una de las 3 grandes tendencias de computación personal. Los fanáticos de Windows, de Apple o de Linux.
Los fanáticos de Windows son los menos frecuentes. Probablemente porque un sistema operativo que domina el 90% del mercado no los necesita, o quienes lo prefieren no sienten la necesidad de defender su preferencia. Sin embargo, cuando miramos hacia las minorías, empiezan a verse fenómenos extraños.
A los fanáticos de linux, y no me refiero a quienes gustamos de alguno de sus sabores, sino que los FANATICOS (quienes no conciben ningun otro sistema como via alternativa, sino que sólo ese sistema sirve y lo demás es basura), es muy frecuente topárselos en los foros y referirse peyorativamente a otros sistemas. No puedo sino recordar a los fanáticos del futbol, que se sientan a conversar usando expresiones como "ganamos", "perdimos" y otras, que harían a cualquier otro pensar que fueron ellos mismos quienes jugaron.
Sin embargo, la cosa se pone ya bizarra cuando vemos a los fanáticos de Apple. Es para sentarse a observar en silencio. El aire que se respira es "nosotros lo hemos creado todo y Bill Gates se pudre en plata por copiarnos", y solo lo que hace Apple es bueno y lo demás son solo copias baratas.
Mas allá de las falencias y virtudes de cada sistema, porque hay que ser muy ciego como para no reconocer la estabilidad de linux, el sentido estético de OSX o la flexibilidad de Windows, hay un asunto más profundo que se deja entrever. Queda más claro cuando vemos el próximo lanzamiento de Microsoft, Zune, un reproductor portátil de audio y video digital. De inmediato saltaron los Applefans hablando de "la copia barata del iPod". Creo que hay que ver el Zune antes de hablar. Claramente, tiene botones con las mismas funciones, espacio para la batería, una pantalla, un conextor minijack... Todo lo que debe tener un reproductor portátil. Es como si un fabricante de autos se pusiera a criticar a su competencia por copiarle, haciendo autos con 4 ruedas, puertas y un motor.
Ahora, lo que empieza a notarse en estos ejemplos, es un fenómeno que se viene dando colectivamente. La poca creatividad. Hemos comenzado a matarla, o mas bien a "domarla". La creatividad al servicio de los negocios. Ser creativo, pero entre los márgenes de la rentabilidad. Hemos cortado brazos y piernas a quienes tienen ideas verdaderamente revolucionarias, para investir con poder y bonificaciones a quienes no se pasan de la línea amarilla y se comportan como buenos engranajes. Los creadores de Google estarían ganando menos de US$1.000 al mes bajo ese concepto, haciendo labores de escritorio.
Un fenómeno que se ve aplicado a cientos de otras áreas, como la programación televisiva, la fabricación de automóviles, productos de belleza, etc.
Centrémonos sólo en un área. Tecnología del entretenimiento. Afinemos la búsqueda. Reproductores de audio digital.
Es cierto, todo reproductor de audio digital debe contar con: botón play, botón next, botón previous, stop, pause, volumen. Eso al menos. Podemos agregar otras funciones, como ecualizaciones, reproducción aleatoria o por orden, una pantalla para mostrar tiempo, título, nivel de carga de la batería. Otra cosa siempre bienvenida es una conexión para audífonos. Ok, estamos claros, no se puede innovar demasiado en ello.
Sin embargo, por cada reproductor de audio digital que compramos, una parte de ese valor va para pagar una patente. Ni mas ni menos que el permiso para poder decodificar archivos MP3. Así es, MP3 no es un formato abierto, es un algoritmo que tiene dueño, quien gana con esto. Sin embargo, ni el muy creativo iPod ni el muy copiado Zune cuentan con soporte para OGG, un formato que utiliza un algoritmo de compresión tan bueno (si no mejor) que el MP3, y gratuito. Y el software para pasar de MP3 (y de una veintena de otros formatos) a OGG también es gratuito.
Ya suficiente estamos pagando por el derecho a "poseer" una canción (digitalmente o a través de algún medio físico) como para además tambien estar pagando por poder escucharla. Y estamos haciéndolo justamente al revés: la canción misma la pirateamos, nos copiamos una canción por la que no hemos pagado y pagamos por el algoritmo que la decodifica, siendo que hay otros gratis.
Podríamos pagar por la canción y usar un formato gratuito, y gastaríamos lo mismo, pero sin "matar la música".
En vez de usar la creatividad para diseñar los botones, usémosla para diseñar lo que esta tras ellos.
Esto mismo apliquémoslo a otras áreas.
Las posibilidades son infinitas. Ahora, necesitamos que los creativos las vean y las empresas las auspicien. Bueno, en realidad, solo falta lo mas difícil.
- Vischo -

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