Transan-que???
En todo el mundo se están aplicando medidas para evitar el pirateo. Sanciones a los sitios que ofrecen descargar archivos de audio, películas y software. Medidas de protección que rozan en lo invasivo para evitar que uno pueda sacar una copia a un CD de música por el cual pagó. Sin embargo, el hermano mayor da el ejemplo, y mal.
Nuestros brillantes ministros y asesores gubernamentales, una vez más nos demuestran que una medida que funciona probadamente en buena parte del mundo, puede transformarse en una catástrofe si se hace lo suficientemente mal. Es decir, si se copia lo suficientemente a la chilena.
Esto requiere talento, no lo veamos a la ligera.
El Transantiago es una muestra magistral de lo mal que puede resultar una idea brillante si la ejecución es mediocre y lo suficientemente turbia. Comencemos por recordar que buena parte de los fabulosos microbuses que pululan irregular e ineficientemente hoy por Santiago, no son más que las viejas micros amarillas, pintadas ahora de folclóricos colores. Las espectaculares orugas, que ya se han rasgado por la mitad y matado personas con su fuelle, ni siquiera fueron medidas antes de traerse... Ni tampoco los pasos a nivel por donde deberían circular regularmente. Se rompieron calles y veredas para albergar unos paraderos metálicos muy originales, pero que "cuestan" cifras millonariamente estúpidas, donde queda cubierto aproximadamente el 10% de la gente que espera. Un sistema de cobro mal puesto en marcha, que si ahora esta comenzando a funcionar es gracias a un grupo de humildes técnicos que no ganaron ni un peso extra por trabajar día y noche arreglando sobre la marcha un sistema que fue mal diseñado de raíz. Sumemos a esto un sistema de tren subterráneo, que en algún momento fué nuestro orgullo (probablemente por ser privado, porque si hubiera sido estatal habría sido claramente una vergüenza), hoy sobrepoblado y batiendo récords históricos... En Febrero. Una empresa cuyo gerente general, al ser consultado por las condiciones deplorables en las que la gente sería comprimida (del orden de 6 personas por metro cuadrado), responde "bueno, tendrán que adaptarse no más pues!"). Un sistema que ha triplicado los tiempos de transporte de algunos, y los con más suerte, han conservado el antiguo. Un sistema que está costando millones al país, y una cifra incalculable en términos del costo de vidas por la puesta en marcha (desde los trabajos viales hasta los atropellados o caídos de los microbuses en marcha), por concepto de calidad de vida de los usuarios que ahora consumen varias horas de su vida al día para transportarse, y por concepto de salud mental de todos los que vivimos en la capital.
Ciertamente el tema está paulatinamente mejorando. Por esto no quise escribir antes, primero quise ver qué pasaba cuando se lo comenzaran a tomar en serio. Sin embargo, una vez más, arreglándose a la chilena. Soluciones de parche. Y parches sobre parches. Y recuerden, así quedará, no se modificarán medidas basales, sólo se aplicarán parches hasta que las protestas y paros cesen.
Ahora bien, siempre he afirmado que una crítica no sirve si no va respaldada de una solución. Lamentablemente, a estas alturas la solución sería comenzar desde cero otra vez, haciendo bien las cosas, o de lo contrario sólo aplicar medidas correctivas traumáticas para el sistema... O seguir parchando.
En primer lugar, debimos ser informados. El gobierno no puede comportarse como una monarquía, donde la opinión del ciudadano medio vale lo mismo que la vida de los perritos que vivían en los alrededores de la Moneda. Es nuestro dinero el que está siendo utilizado. Y nuestro gobierno, al igual que los demás gobiernos del mundo, no es mas que un grupo de SERVIDORES PUBLICOS, a quienes el pueblo les paga por atender los asuntos estatales, velar por el bien común y hacer uso responsable de los fondos en proyectos que traigan beneficios a la ciudadanía.
El Transantiago es un sistema de transporte copiado calcado al que funciona en otros países, como Venezuela y Uruguay. Hasta ahí vamos bien. Sin embargo, la puesta en marcha ha sido una ridiculez. Siempre frente a cualquier cambio, el paso 1 es informar a los afectados. Hace tiempo se venía hablando del Transantiago, sabíamos que venía, pero creo que nadie esperó algo hecho tan "al lote". Aun hoy le preguntas a un chofer si va de ida o vuelta, y no lo sabe. Una semana antes de la partida, los choferes no conocìan bien sus recorridos. El primer ensayo serio se hizo exactamente una semana antes de la puesta en marcha definitiva.
En más de una ocasión me tocó migrar a empresas de sistemas. Por ejemplo, de Windows98 a XP, o previamente de usar Lotus123 a Excel, de Wordstar a Word, etc. Siempre ha existido la resistencia al cambio. Siempre ha costado poner en marcha proyectos novedosos. Sin embargo, nunca tuve la arrogancia como para creer que algo funcionaría al primer intento. Antes de cada migración de sistemas, se informaba a los usuarios, luego se hacían ensayos, y cuando las cosas ya se veían más o menos bien, comenzábamos una marcha blanca, cuyo plazo no estaba claramente definido. Sin embargo, los plazos siempre fueron de meses, unos pocos o varios.
El gobierno opinó que para el Transantiago bastaba una semana desde el ensayo inicial hasta la puesta en marcha. Podríamos decir que “pecaron de inocentes”, pero para quien sabe poner en marcha proyectos, es imposible ver esto como algo distinto a una inoperancia a niveles ridículos. Algo equivalente en mi ámbito profesional, sin duda me costaría la pega. ¿Qué pasaría si los médicos partieran de la misma forma? ¿O los ingenieros en construcción? “Oops, se me cayó el edificio… bueno, pero es que también subió demasiada gente… No importa, de estos errores aprenderemos…”. “Uy, disculpe, pero sabe que su hijo se nos murió en cirugía porque no calculamos bien la anestesia, pensamos que bastaría con menos, pero despertó y sufrió un paro por el dolor… Pero créame caballero que de esto, como médicos, aprendemos”.
Paremos las ridiculeces.
En Chile tenemos un problema muy grave. La parte mediática de la política chilena es más poderosa que los hechos. La gente de escasos recursos cree férreamente que votar por alguien que no sea de izquierda, es favorecer a “los ricos”, y por ende, traición. Cada uno aquí ve lo que quiere ver, o lo que le han enseñado las campañas políticas a ver. Existe una guerra, no digamos de partidos, pero si de bandos, en la que se celebra siempre la caída del adversario en lugar de entender que, si soy elegido, estoy asumiendo una responsabilidad con el país completo, y no sólo con mi partido ni con quienes me financiaron la campaña. Esto no es una carrera loca por quien logra los cambios más estrambóticos y engrosar la lista de “intentos” de obras. Esto es una responsabilidad frente a un país entero, y frente al capital que pertenece a ese país.
En fin. Volviendo al principio, la piratería, la copia ilegal de obras, es sancionada en todo el mundo… Salvo en este tipo de obras. Aquí cualquiera puede venir y copiar un método que a otro país le funcionó. Fantástico si es así, lo apoyo. El problema está en que si vamos a copiar algo, hagámoslo bien, no seamos el ejemplo de cómo no debe hacerse. Un proyecto de esta envergadura no puede dar lugar a sobrenombres como “transantiasco”, “trancasantiago” ni “tranchantiago”.
Alguien se pegó uno de los innumerables viajes financiados por el estado, vio cómo andaba la cosa allá, y llego y de rompe y rasga quiso aplicar las mismas ideas aquí. Error. Primero comparemos el entorno, la idiosincrasia, qué tan preparados están quienes usarán el sistema, qué tan preparada está la ciudad ANTES de aplicarlo. Esto fue como querer poner un computador a bordo de un Maruti, climatizador automático incluído, sin siquiera tener los conectores, ni la capacidad de corriente ni la potencia de motor necesarias. Las soluciones deben aplicarse a escala, y en este caso en particular, parcializadas, ir probando de a poco mientras vamos preparando a la gente, para que el cambio sea paulatino y sólido.
No critiquemos al pobre Zamorano, que a él sólo se le hizo una jugosa oferta por ser la cara de un proyecto que, podría jurarlo, le afirmaron y reafirmaron que funcionaría. Es lo mismo que cargarla a balazos contra los choferes. Ellos sólo son piezas en el tablero. Quienes mueven las piezas son los responsables.
Una vez más apelo a lo mismo de siempre. Usemos el sentido común. Pensemos ANTES de hacer las cosas, no pidamos disculpas después, ni menos aún tomemos una actitud como la del gobierno, de ponerse por sobre los demandantes adoptando una actitud monárquica de la onda “el gobierno no va a ceder ante las presiones de fulano” (aunque fulano sea el país entero).
Al menos una cosa podemos sacar en limpio. No repitamos los errores del gobierno en nuestras vidas personales ni profesionales. No pasemos a llevar, y cuando hagamos algo, hagámoslo en serio.
De todo se puede aprender. De este gobierno, podemos aprender como no hay que ser, y como no hay que hacer las cosas.
- Vischo -
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